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Control de líquidos y electrólitos en el paciente quirúrgico – Artículo

Control de líquidos y electrólitos en el paciente quirúrgico – Artículo

By: Luis Angel Amezcua Toledo

CONTROL DE LÍQUIDOS Y ELECTRÓLITOS EN EL PACIENTE QUIRÚRGICO

El control de los líquidos y electrólitos es primordial para la atención del paciente quirúrgico. Los cambios de volumen del líquido corporal y la composición electrolítica ocurren antes, durante y después de una operación y como reacción al traumatismo y la sepsis.

LÍQUIDOS CORPORALES

Agua corporal total

El agua representa cerca de 50 a 60% del peso corporal total. La relación entre el peso corporal total y el agua corporal total (TBW) es reflejo en particular de la grasa. En consecuencia, en los varones jóvenes con poca grasa el agua representa un mayor porcentaje del peso corporal que en el adulto mayor o las personas obesas. El porcentaje más alto de TBW se encuentra en los recién nacidos, en los que cerca de 80% del peso corporal total procede del agua. Esta cifra disminuye a casi 65% para el primer año de edad y luego se mantiene bastante constante.

Compartimientos de líquidos

El TBW se divide en dos compartimientos funcionales de líquidos, el extracelular y el intracelular. El primero representa cerca de un tercio del TBW y dos tercios se localizan en el segundo. El agua extracelular comprende 20% del peso corporal total y se divide entre el plasma (5% del peso corporal) y el líquido intersticial (15% del peso corporal).

Composición de los compartimientos de líquidos

En el compartimiento de líquido extracelular se mantiene el equilibrio entre el catión esencial, el sodio, y los aniones principales, cloro y bicarbonato. El compartimiento de líquido intracelular se compone en especial de los cationes potasio y magnesio, y los aniones fosfato y proteínas.

El agua se distribuye de manera uniforme en todos los compartimientos del cuerpo. Sin embargo, el sodio se confina al compartimiento de líquido extracelular y, en virtud de sus propiedades osmóticas y eléctricas, permanece relacionado con el agua. Por lo tanto, los líquidos que contienen sodio se distribuyen en todo el compartimiento extracelular y agregan volumen a los espacios intravascular e intersticial.

Presión osmótica

El movimiento de agua a través de la membrana celular depende sobre todo de la ósmosis. Los principales factores determinantes de la osmolalidad son las concentraciones de sodio, glucosa y urea (nitrógeno ureico en sangre [BUN]): osmolalidad sérica = 2 sodio + glucosa/18 + BUN/2.8. La osmolalidad de los líquidos intracelular y extracelular se mantiene entre 290 y 310 mosm en ambos compartimientos. Como las membranas celulares son permeables al agua, cualquier cambio de la presión osmótica en un compartimiento se acompaña de una redistribución de agua hasta que se iguala la presión osmótica entre los compartimientos.

CLASIFICACIÓN DE LOS CAMBIOS DEL LÍQUIDO CORPORAL

Intercambio normal de líquidos y electrólitos

Las pérdidas diarias de agua en el individuo promedio incluyen un litro en orina, 250 ml en las heces y 600 ml como pérdidas insensibles. Estas últimas ocurren por la piel (75%) y los pulmones (25%) y, por definición, es agua pura. Las pérdidas insensibles se incrementan con la fiebre, hipermetabolismo e hiperventilación. Para eliminar los productos metabólicos, los riñones deben excretar un mínimo de 500 a 800 ml de orina al día, sin importar el volumen de ingestión oral.

Trastornos del equilibrio de líquidos

La deficiencia del volumen extracelular es el trastorno de los líquidos más frecuente en el paciente quirúrgico y puede ser aguda o crónica. El déficit agudo de volumen se acompaña de manifestaciones cardiovasculares y del sistema nervioso central (SNC), aunque las deficiencias crónicas inducen signos hísticos, como disminución de la turgencia de la piel y ojos hundidos, además de los signos cardiovasculares y del SNC. La concentración de sodio no siempre refleja el estado del volumen; por lo tanto, en presencia de una deficiencia de volumen puede ser alta, normal o baja. La causa más común del déficit de volumen en los pacientes quirúrgicos es la pérdida de líquidos por vía gastrointestinal por aspiración nasogástrica, vómito, diarrea o fístulas. Además, el secuestro secundario a lesiones en el tejido blando, quemaduras y procesos intraabdominales, como peritonitis, obstrucción o una intervención quirúrgica prolongada, también puede causar deficiencia de volumen. El origen del exceso de volumen extracelular es yatrógeno o consecutivo a la disfunción renal, insuficiencia cardíaca congestiva o cirrosis. En este caso se incrementa el volumen plasmático y el intersticial.

Cambios de la concentración

Hiponatremia

El nivel bajo de sodio sérico se produce cuando hay exceso de agua extracelular respecto del sodio. El volumen extracelular puede ser alto, normal o bajo. En la mayoría de los casos de hiponatremia, la concentración de sodio disminuye como consecuencia de la pérdida o la dilución del sodio. La hiponatremia por dilución se debe a menudo al exceso de agua extracelular, por lo que se acompaña de un volumen extracelular elevado. Los pacientes recién sometidos a una operación tienen una tendencia particular al aumento de la secreción de hormona antidiurética, la cual incrementa la resorción de agua libre en los riñones con la expansión del volumen e hiponatremia consecuentes. Las causas de la hiponatremia por deficiencia se deben a la ingestión insuficiente o al aumento de las pérdidas de líquidos con sodio. Las causas incluyen disminución de la ingestión de sodio y pérdidas gastrointestinales o renales. La hiponatremia por deficiencia se acompaña muchas veces de deficiencia de volumen extracelular.

También puede haber hiponatremia en caso de exceso de solutos en relación con el agua libre, como ocurre en la hiperglucemia no tratada o la administración de manitol. Cuando se evalúa la hiponatremia en presencia de hiperglucemia, debe calcularse la concentración corregida de sodio: por cada 100 mg/100 ml de incremento de la glucosa plasmática sobre la cifra normal, el sodio plasmático debe disminuir 1.6 meq/L. Por último, las elevaciones extremas de los lípidos y proteínas plasmáticos pueden ocasionar seudohiponatremia porque no hay un descenso real del sodio extracelular respecto del agua.

Hipernatremia

La hipernatremia se produce por la pérdida de agua libre o la ganancia de sodio mayor que la pérdida de agua. Al igual que la hiponatremia, puede acompañarse de volumen extracelular alto, normal o disminuido.

La hipernatremia hipervolémica casi siempre se debe a la administración yatrógena de líquidos con sodio o al exceso de mineralocorticoides, como en el hiperaldosteronismo, síndrome de Cushing e hiperplasia suprarrenal congénita. El sodio urinario casi siempre es mayor de 20 meq/L y la osmolaridad urinaria es superior a 300 mosm/L. La hipernatremia normovolémica se relaciona con pérdidas renales (diabetes insípida, diuréticos, enfermedad renal) o no renales (gastrointestinales o cutáneas) de agua.

Por último, la hipernatremia hipovolémica puede ser resultado de la pérdida de agua renal o no renal. Las causas renales incluyen diabetes insípida, diuréticos osmóticos, insuficiencia suprarrenal y enfermedades tubulares renales. La concentración urinaria de sodio es menor de 20 meq/L y la osmolaridad urinaria es menor de 300 a 400 mosm/L. La pérdida no renal de agua puede deberse a pérdidas gastrointestinales o cutáneas, como fiebre o traqueotomía. Además, la tirotoxicosis puede producir pérdida de agua, al igual que el uso de soluciones hipertónicas de glucosa para diálisis peritoneal. En caso de pérdida no renal de agua, la concentración urinaria de sodio es menor de 15 meq/L y la osmolaridad urinaria es mayor de 400 mosm/L. Los síntomas de hipernatremia son raros, a menos que la concentración sérica de sodio sea mayor de 160 meq/L.

Cambios en la composición: causas y diagnóstico

Alteraciones del potasio

Aunque sólo 2% del potasio corporal total se localiza en el compartimiento extracelular, esta pequeña cantidad es crucial para la función cardíaca y neuromuscular.

Hiperpotasiemia. La hiperpotasiemia se produce por el ingreso excesivo de potasio, aumento de la liberación de potasio de las células o excreción anormal en los riñones. El incremento de los ingresos proviene de la complementación oral o intravenosa y las transfusiones sanguíneas. La degradación celular permite la liberación de potasio en presencia de hemólisis, rabdomiólisis, lesiones por aplastamiento y hemorragia gastrointestinal. La acidosis eleva los niveles de potasio sérico porque produce una desviación de los iones potasio al compartimiento extracelular. Como la aldosterona tiene un papel importante en la estimulación de la secreción de potasio en los túbulos colectores, cualquier fármaco (como la espironolactona y los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina [ACE]) que interfiera con la actividad de la aldosterona inhibe la secreción de potasio. La excreción anormal de potasio también ocurre en presencia de disfunción renal e insuficiencia renal. Los síntomas predominantes de la hiperpotasiemia son gastrointestinales, neuromusculares y cardiovasculares. Los síntomas gastrointestinales incluyen náusea, vómito, cólico intestinal y diarrea; los síntomas neuromusculares son diversos, desde debilidad hasta parálisis ascendente e insuficiencia respiratoria. Los cambios en el electrocardiograma (ECG) en caso de hiperpotasiemia incluyen ondas T puntiagudas, ondas P aplanadas, intervalo PR prolongado (bloqueo de primer grado), ensanchamiento del complejo QRS, formación de onda sinusal y fibrilación ventricular.

Hipopotasiemia. Las causas de hipopotasiemia incluyen ingestión insuficiente, excreción renal excesiva (hiperaldosteronismo, medicamentos como diuréticos que incrementan la excreción de potasio, o fármacos como la penicilina que promueven la pérdida tubular renal de potasio), pérdida en secreciones gastrointestinales (pérdida directa de potasio en heces o pérdida renal de potasio por vómito o gasto nasogástrico alto) o desviaciones intracelulares (como en la alcalosis metabólica o el tratamiento con insulina).

En los casos en que la deficiencia de potasio se debe a la reducción de magnesio, la reposición de potasio es difícil, a menos que se corrija primero la hipomagnesiemia. Los síntomas de hipopotasiemia incluyen íleo, estreñimiento, debilidad, fatiga, disminución de reflejos tendinosos, parálisis y paro cardíaco (actividad eléctrica sin pulso o asistolia). Los cambios ECG sugestivos de hipopotasiemia incluyen ondas U, aplanamiento de la onda T, cambios en el segmento ST y arritmias.

Hipermagnesiemia. La hipermagnesiemia es rara, pero puede encontrarse en caso de disfunción renal e ingestión excesiva en forma de nutrición parenteral total o laxantes y antiácidos que contienen magnesio. Los síntomas pueden ser gastrointestinales (náusea y vómito), neuromusculares (debilidad, letargo y disminución de reflejos) o cardiovasculares (hipotensión y paro).

Hipomagnesiemia. La hipomagnesiemia se debe a la ingestión insuficiente (inanición, alcoholismo, uso prolongado de soluciones intravenosas y nutrición parenteral total), aumento de la excreción renal (alcohol, la mayor parte de los diuréticos y anfotericina B), pérdidas gastrointestinales (diarrea), malabsorción, pancreatitis aguda, cetoacidosis diabética y aldosteronismo primario. La deficiencia de magnesio se caracteriza por hiperactividad neuromuscular y del SNC; los síntomas son similares a los de la deficiencia de calcio, incluidos los reflejos hiperactivos, temblores musculares y tetania con signo de Chvostek positivo. Las deficiencias graves producen delirio y convulsiones. Los cambios ECG incluyen prolongación de intervalos QT y PR, depresión del segmento ST, aplanamiento o inversión de ondas P, taquicardia helicoidal y arritmias. La hipomagnesiemia puede causar hipocalciemia y dar lugar a hipopotasiemia persistente. Cuando coexisten hipopotasiemia o hipocalciemia con hipomagnesiemia debe indicarse la reposición radical de magnesio para restaurar la homeostasis del potasio o del calcio.

Alteraciones del calcio

Aunque sólo cerca de 50% del calcio sérico se encuentra en forma ionizada, es esta fracción ionizada la que permite la estabilidad neuromuscular. El calcio sérico total se modifica según sea la concentración de albúmina, por lo que el calcio sérico total debe ajustarse en descenso en 0.8 mg/100 ml por cada decremento de 1 g/100 ml en la albúmina. A diferencia de los cambios en la albúmina, las modificaciones del pH afectan la concentración de calcio ionizado. La acidosis reduce la unión con proteína, lo que incrementa la fracción ionizada de calcio.

Hipercalciemia. Las neoplasias malignas con hiperparatiroidismo primario (metástasis ósea relacionada o secundaria a secreción de proteína vinculada con la hormona paratiroidea) provocan la mayor parte de los casos de hipercalciemia sintomática. Los síntomas de hipercalciemia incluyen manifestaciones neurológicas (depresión, confusión, estupor o coma), musculoesqueléticas (debilidad y dolor de espalda y extremidades), renales (poliuria y polidipsia, ya que los riñones pierden su capacidad para concentrar la orina) y digestivas (anorexia, náusea, vómito, estreñimiento, dolor abdominal y pérdida de peso). Los síntomas cardíacos incluyen hipertensión, arritmias cardíacas y agravación de la toxicidad por digital. Entre los cambios ECG de hipercalciemia figuran acortamiento del intervalo QT, prolongación de los intervalos PR y QRS, aumento del voltaje de QRS, aplanamiento y ensanchamiento de la onda T y bloqueo auriculoventricular.

Hipocalciemia. Las causas de la hipocalciemia incluyen pancreatitis, infecciones masivas del tejido blando, como fascitis necrosante, insuficiencia renal, fístulas pancreáticas y del intestino delgado, hipoparatiroidismo, síndrome de choque tóxico, alteraciones del magnesio y síndrome por lisis tumoral. Además, es frecuente que haya hipocalciemia transitoria después de la extirpación de un adenoma paratiroideo, ya que hay atrofia de las glándulas restantes y captación ósea ávida de calcio. El síndrome del hueso hambriento puede presentarse después de la operación en el hiperparatiroidismo secundario o terciario, cuando se produce mineralización rápida del hueso, lo que requiere complementos de calcio en dosis altas. Además, los tumores malignos vinculados con aumento de la actividad osteoclástica, como el cáncer mamario y prostático, pueden ocasionar hipocalciemia por incremento de la formación de hueso. La precipitación del calcio con aniones orgánicos es otra causa de hipocalciemia, como la que se reconoce en la hiperfosfatemia (síndrome de lisis tumoral o rabdomiólisis), pancreatitis (quelación con ácidos grasos libres) o transfusión sanguínea masiva (citrato).

Puede haber hipocalciemia asintomática con hipoproteinemia (calcio ionizado normal), pero es posible el desarrollo de síntomas con alcalosis (descenso del calcio ionizado). Los síntomas son de origen neuromuscular y cardíaco, entre ellos parestesias, calambres musculares, espasmo carpopedal, estridor, tetania y convulsiones. Los pacientes presentan hiperreflexia y signos positivos de Chvostek y Trousseau. La hipocalciemia también puede acompañarse de disminución de la contractilidad cardíaca e insuficiencia cardíaca, además de cambios electrocardiográficos: prolongación del intervalo QT, inversión de la onda T, bloqueo cardíaco y fibrilación ventricular.

Anormalidades del fósforo

Hiperfosfatemia. La hiperfosfatemia puede ser resultado del descenso de la excreción urinaria o el aumento de la ingestión o producción de fósforo. Casi todos los casos de hiperfosfatemia se observan en sujetos con disfunción renal. El hipoparatiroidismo o el hipertiroidismo también reducen la excreción urinaria de fósforo y causan hiperfosfatemia. La mayor liberación de fósforo endógeno se observa en caso de destrucción celular, como en la rabdomiólisis, síndrome de lisis tumoral, hemólisis, sepsis, hipotermia grave o hipertermia maligna. La administración excesiva de fosfato (laxantes con fósforo) también eleva los niveles de fosfato. La mayor parte de los casos de hiperfosfatemia es asintomática, pero la hiperfosfatemia de consideración puede dar lugar a la formación de complejos metastáticos de tejidos blandos de calcio y fósforo.

Hipofosfatemia. El descenso de la ingestión puede ocasionar hipofosfatemia y ocurre en la desnutrición y la disminución de la absorción gastrointestinal. Las más de las veces es resultado de la desviación de fósforo al interior de las células, como ocurre en caso de alcalosis respiratoria, tratamiento con insulina, síndrome de realimentación y síndrome del hueso hambriento. Los síntomas son secundarios a los efectos adversos sobre la disponibilidad del oxígeno en los tejidos y la disminución de los fosfatos de alta energía. La hipofosfatemia puede manifestarse como disfunción cardíaca o debilidad muscular.

Equilibrio acidobásico

La compensación para los trastornos acidobásicos es respiratoria o metabólica. Los cambios de la ventilación como respuesta a las alteraciones metabólicas tienen la mediación de quimiorreceptores sensibles al hidrógeno. La acidosis estimula a los quimiorreceptores para incrementar la ventilación, mientras que la alcalosis disminuye su actividad y, por lo tanto, reduce la ventilación. Los riñones ejercen la compensación para las alteraciones respiratorias mediante el aumento o decremento de la resorción de bicarbonato para la acidosis o alcalosis respiratorias, respectivamente.

Trastornos metabólicos

Acidosis metabólica. Para valorar a un paciente con acidosis metabólica, primero se mide la brecha aniónica (AG), que es un índice de los aniones no medidos: AG = [Na] – [Cl + HCO3]. La AG normal es menor de 12 mmol/L. La acidosis metabólica con aumento de la AG sucede por ingestión de ácido exógeno (etilenglicol, salicilato o metanol) o producción endógena de ácidos, hidroxibutirato beta y acetoacetato en la cetoacidosis, lactato en la acidosis láctica o ácidos orgánicos en la insuficiencia renal. Una de las causas más comunes de acidosis metabólica grave en los pacientes quirúrgicos es la acidosis láctica. En estado de choque, el lactato se sintetiza como producto intermedio de la perfusión hística inadecuada. El tratamiento es la restauración de la perfusión mediante reanimación con volumen, en lugar de intentar la corrección de la anormalidad con bicarbonato exógeno. La administración de bicarbonato para el tratamiento de la acidosis metabólica es tema de controversia; el suministro excesivo de bicarbonato puede provocar alcalosis metabólica, la cual desvía la curva de disociación de la oxihemoglobina a la izquierda y ello indica que interfiere con la descarga del oxígeno en los tejidos. Una desventaja adicional es que el bicarbonato de sodio puede exacerbar en realidad la acidosis intracelular. La acidosis metabólica con brecha aniónica normal se debe a la administración de ácido (HCl o NH +) o a la pérdida de bicarbonato por vía gastrointestinal, como en caso de diarrea, fístulas, ureterosigmoidostomía o pérdida renal. La pérdida de bicarbonato se acompaña de ganancia de cloro, por lo que la brecha aniónica se mantiene sin cambios.

Alcalosis metabólica. Los pacientes quirúrgicos con obstrucción pilórica (a menudo en lactantes con estenosis pilórica o adultos con enfermedad por úlcera duodenal) pueden desarrollar alcalosis hipoclorémica, hipopotasiémica o metabólica. A diferencia del vómito en presencia del píloro abierto, el que aparece con el píloro obstruido sólo causa pérdida de jugo gástrico, que es rico en cloro e hidrógeno y por tanto ocasiona alcalosis hipoclorémica. Al principio, el nivel de bicarbonato urinario es alto para compensar la alcalosis. La resorción de iones hidrógeno también se acompaña de la excreción de iones potasio. Además, como respuesta a la deficiencia de volumen, la resorción de sodio que media la aldosterona se acompaña de excreción de potasio. La hipopotasiemia resultante da lugar a la excreción de iones hidrógeno en presencia de alcalosis, una aciduria paradójica. El tratamiento incluye reposición del déficit de volumen con solución salina isotónica y potasio, una vez que se establece el gasto urinario adecuado.

Trastornos respiratorios

Acidosis respiratoria. Este trastorno se produce por retención de CO2 secundaria al descenso de la ventilación alveolar. Como la compensación principal es renal, la respuesta es tardía. El tratamiento se enfoca en la causa subyacente y en medidas para asegurar la ventilación adecuada.

Alcalosis respiratoria. Casi todos los casos de alcalosis respiratoria son agudos y secundarios a hiperventilación alveolar. Las causas incluyen dolor o ansiedad, trastornos neurológicos (meningitis, traumatismo), fármacos (como salicilatos), fiebre o bacteriemia por gramnegativos, tirotoxicosis o hipoxemia. La hipocapnia aguda puede inducir la captación celular de potasio y fosfato con aumento de la unión de calcio a la albúmina, lo cual produce hipopotasiemia, hipofosfatemia e hipocalciemia sintomáticas con arritmias, parestesias, calambres musculares y convulsiones. El tratamiento debe dirigirse a la causa subyacente, pero también es probable que se requiera terapéutica directa de la hiperventilación.

TRATAMIENTO CON LÍQUIDOS Y ELECTRÓLITOS

Soluciones parenterales El tipo de líquido que se administra depende del estado de volumen del individuo y el tipo de anormalidad que haya en la concentración o la composición. La solución de Ringer con lactato y la solución salina normal se consideran isotónicas y son útiles para reponer las pérdidas gastrointestinales y la deficiencia de volumen extracelular. La solución de Ringer con lactato es ligeramente hipotónica y contiene 130 meq de sodio, que se equilibran con 109 meq de cloro y 28 meq de lactato. El lactato es más estable que el bicarbonato y se convierte en bicarbonato en el hígado después de la infusión. La solución de cloruro de sodio es un poco hipertónica; contiene 154 meq de sodio, equilibrados con 154 meq de cloro, lo cual puede ocasionar acidosis metabólica hiperclorémica. Sin embargo, es una solución ideal para corregir deficiencias de volumen con hiponatremia, hipocloremia y alcalosis metabólica. Las soluciones de sodio menos concentradas, como las de cloruro de sodio al 0.45%, son útiles para reponer pérdidas gastrointestinales continuas y para el tratamiento de mantenimiento con líquidos en el período posoperatorio. La adición de 5% de dextrosa (50 g de dextrosa por litro) aporta 200 kcal/L y siempre se agrega a soluciones que contienen menos de 0.45% de cloruro de sodio para mantener la osmolalidad y así prevenir la lisis de los eritrocitos que podría ocurrir con la infusión rápida de líquidos hipotónicos.

Líquidos alternativos para reanimación

Ahora existen varias soluciones alternativas para la expansión de volumen y reanimación. Las soluciones salinas hipertónicas (3.5 y 5%) se usan para corregir las deficiencias graves de sodio, mientras que la solución al 7.5% se emplea como modalidad terapéutica en sujetos con lesiones encefálicas cerradas y como líquido potencial para reanimación. Desde hace tiempo se considera que los coloides son expansores de volumen efectivos, en comparación con las soluciones cristaloides isotónicas. En virtud de su peso molecular, se confinan al espacio vascular y se logra una expansión plasmática más eficiente con estos productos. Sin embargo, en condiciones de choque hemorrágico grave, la permeabilidad de la membrana capilar aumenta, lo que hace posible que los coloides ingresen al espacio intersticial, lo cual agrava el edema y afecta la oxigenación hística. Hay cuatro tipos de coloides disponibles: albúmina, dextranos, hetaalmidón y gelatinas, que se describen por su peso molecular y tamaño. Las soluciones coloides con partículas más pequeñas y menor peso molecular ejercen un mayor efecto oncótico, pero permanecen dentro de la circulación por un período más corto que los coloides con moléculas más grandes y pesadas.

La albúmina (peso molecular de 70 000) se prepara a partir de plasma humano acumulado y está disponible en solución al 5 o 25%. Como es un derivado de la sangre, puede causar reacciones alérgicas. Ya se demostró que la albúmina induce insuficiencia renal y afecta la función pulmonar cuando se usa para reanimación en el choque hemorrágico. Los dextranos son polímeros de glucosa producidos por bacterias cultivadas en medios con sacarosa y están disponibles como soluciones con peso molecular de 40 000 (dextrano 40) o 70 000 (dextrano 70). Producen expansión inicial del volumen por su efecto osmótico, pero se relacionan con alteraciones de la viscosidad sanguínea. Por consiguiente, los dextranos se usan sobre todo para disminuir la viscosidad sanguínea y no como expansores de volumen. Sin embargo, se han usado junto con solución salina hipertónica para mantener el volumen intravascular.

Las soluciones de hidroxietil-almidón constituyen otro grupo de expansores alternativos del plasma. El hetaalmidón es el único hidroxietil-almidón aprobado para usarlo en Estados Unidos. Tiene un papel limitado en la reanimación masiva porque se relaciona con coagulopatía y acidosis hiperclorémica. Las gelatinas son el cuarto grupo de coloides y se producen a partir de colágena bovina. Los dos tipos principales son la gelatina vinculada con urea y la gelatina unida con grupos Succinilo.

Corrección de anormalidades electrolíticas que ponen en riesgo la vida

Sodio

Hipernatremia. El tratamiento de la hipernatremia implica la corrección de la deficiencia de agua relacionada. En pacientes hipovolémicos, el volumen debe restaurarse con solución salina normal. Una vez que se alcanza el estado de volumen adecuado, se repone la deficiencia de agua con un líquido hipotónico. Para calcular el agua faltante necesaria para corregir la hipernatremia se usa la fórmula siguiente:

Deficiencia de agua (L) = sodio sérico – 140

———————-      × TBW

140

El agua corporal total (TBW) se determina como 50% de la masa corporal magra en varones y 40% en mujeres. El ritmo de administración de líquido debe graduarse hasta alcanzar una caída del sodio sérico no mayor de 1 meq/h, y 12 meq/L para el tratamiento de la hipernatremia aguda. Debe realizarse una corrección todavía más lenta en caso de hipernatremia crónica (0.7 meq/L/h), ya que la corrección demasiado rápida podría causar edema cerebral y hernia. El tipo de líquido depende de la gravedad y la facilidad de la corrección. También debe tenerse cuidado cuando se utiliza dextrosa al 5% en agua para evitar la corrección demasiado rápida.

Hiponatremia. En sujetos con función renal normal no ocurre la hiponatremia sintomática hasta que el nivel sérico de sodio es de 120 meq/L o más. Si hay síntomas neurológicos, debe usarse solución salina al 3% para aumentar el sodio en no más de 1 meq/L/h hasta que la concentración sérica de sodio llegue a 130 meq/L o mejoren los síntomas neurológicos. La corrección de la hiponatremia asintomática debe aumentar el nivel de sodio en no más de 0.5 meq/L hasta un máximo de 12 meq/L por día, e incluso con más lentitud en la hiponatremia crónica. La corrección rápida de la hiponatremia puede causar mielinólisis pontina con convulsiones, debilidad o paresia, movimientos acinéticos y falta de respuesta; podría derivar en daño cerebral permanente y muerte.

Potasio

Hiperpotasiemia. El objetivo es reducir el potasio corporal total, llevar el potasio del espacio extracelular al intracelular y proteger a las células de los efectos del nivel elevado de potasio. En todos los pacientes deben suspenderse las fuentes exógenas de potasio. El potasio puede eliminarse del cuerpo mediante una resina de intercambio de cationes, como Kayexalato (gluconato sódico de poliestireno), que se une con el potasio a cambio de sodio. Las medidas también deben incluir el desplazamiento del potasio al interior de las células con glucosa y bicarbonato. La glucosa sola produce un aumento de la secreción de insulina, pero en el paciente grave es probable que esta respuesta esté amortiguada, por lo que se recomiendan glucosa e insulina. La administración de Kayexalato y bicarbonato puede ocasionar sobrecarga circulatoria e hipernatremia. Cuando hay cambios electrocardiográficos, también deben suministrarse cloruro de calcio o gluconato de calcio (5 a 10 ml de solución al 10%) para contrarrestar los efectos miocárdicos de la hiperpotasiemia. Debe usarse con cuidado en personas que reciben digital, ya que puede haber toxicidad por este fármaco. Hay que considerar la diálisis cuando las medidas conservadoras fallan.

Hipopotasiemia. La reposición oral es adecuada en caso de hipopotasiemia leve y asintomática. Si es necesaria la restitución intravenosa, por lo general no se recomiendan más de 10 a 20 meq/L/h en situaciones sin vigilancia. Este ritmo puede incrementarse a 40 meq/L/h cuando se acompaña de vigilancia electrocardiográfica e incluso a una cifra mayor si el paro cardíaco es inminente por una arritmia maligna. Debe tenerse cuidado cuando también hay oliguria o alteración de la función renal.

Magnesio

Hipermagnesiemia. El tratamiento consiste en medidas para suspender las fuentes exógenas de magnesio y corregir la deficiencia de volumen y la acidosis, si existen. Para mejorar los síntomas, el cloruro de calcio (5 a 10 ml) contrarresta los efectos cardiovasculares. Si persisten los niveles altos o los síntomas está indicada la diálisis.

Hipomagnesiemia. La corrección puede ser oral o intravenosa. Para las deficiencias graves (<1.0 meq/L) o síntomas intensos, se administran 1 a 2 g de sulfato de magnesio por vía intravenosa durante 15 min, o durante 2 min si existe taquicardia helicoidal (arritmia ventricular irregular). La administración simultánea de gluconato de calcio contrarresta los efectos colaterales adversos del incremento rápido del nivel de magnesio y corrige la hipocalciemia, que a menudo acompaña a la hipomagnesiemia.

Calcio

Hipercalciemia. El tratamiento es necesario para la hipercalciemia sintomática, que habitualmente ocurre cuando los niveles séricos son mayores de 12 mg/100 ml. Las medidas iniciales se enfocan en la reposición de la deficiencia de volumen relacionada para luego inducir diuresis enérgica con solución salina normal.

 Hipocalciemia. La hipocalciemia sintomática debe tratarse con gluconato de calcio intravenoso al 10% hasta que los niveles séricos sean de 7 a 9 mg/100 ml. Deben corregirse también las deficiencias relacionadas en el magnesio, potasio y pH. La hipocalciemia es refractaria al tratamiento si no se corrige antes la hipomagnesiemia.

Fósforo

Hiperfosfatemia. Pueden suministrarse agentes para unión con fosfato (sucralfato o antiácidos con aluminio) o tabletas de acetato de calcio (en caso de hipocalciemia). La diálisis se reserva para pacientes con insuficiencia renal.

Tratamiento preoperatorio con líquidos

Los líquidos de mantenimiento pueden calcularse con la fórmula siguiente:

Para los primeros 0 a 10 kg Administrar 100 ml/kg al día

Para los siguientes 10 a 20 kg Administrar 50 ml/kg adicionales al día

Para peso mayor de 20 kg Administrar 20 ml/kg al día.

También deben considerarse las deficiencias preoperatorias de volumen en los individuos que presentan pérdidas gastrointestinales y en aquellos con ingresos orales deficientes. Son menos evidentes las pérdidas al tercer espacio que ocurren en caso de obstrucción gastrointestinal, inflamación peritoneal o intestinal, ascitis, lesiones por aplastamiento, quemaduras e infecciones graves del tejido blando. Una vez que se diagnostica la deficiencia de volumen, debe iniciarse pronto la reposición, casi siempre con una solución cristaloide isotónica. Si la deficiencia de volumen se acompaña de anormalidades electrolíticas sintomáticas, la alteración debe corregirse en la medida que se alivien las manifestaciones agudas antes de la intervención quirúrgica.

Tratamiento transoperatorio con líquidos

Con la inducción de la anestesia se pierden los mecanismos compensatorios y se produce hipotensión si hay deficiencias de volumen no corregidas en forma apropiada antes del procedimiento quirúrgico. Además de la pérdida sanguínea medida, las operaciones abdominales abiertas se acompañan de pérdidas al tercer espacio. También deben considerarse las heridas grandes del tejido blando, las fracturas complejas y las quemaduras.

Tratamiento posoperatorio con líquidos

El tratamiento debe basarse en el estado de volumen calculado de ese momento y en la proyección de las pérdidas continuas. Además de los líquidos de mantenimiento, hay que incluir las deficiencias preexistentes y las pérdidas al tercer espacio. Los líquidos iniciales deben ser isotónicos para luego cambiar a solución salina al 0.45% con dextrosa añadida después de las 24 a 48 h iniciales. Si la función renal es normal y el gasto urinario adecuado, puede agregarse potasio a los líquidos intravenosos.

Consideraciones especiales en el paciente operado

El exceso de volumen es un trastorno frecuente en el período posoperatorio. El primer signo de sobrecarga de volumen es el aumento de peso. El paciente operado promedio que no recibe apoyo nutricional debe perder entre 100 y 225 g al día. El edema periférico no siempre se relaciona con la sobrecarga de volumen, ya que puede haber expansión excesiva de líquido extracelular en presencia de un defecto del volumen plasmático circulante. También puede haber deficiencias de volumen en los pacientes quirúrgicos si no se corrigen del todo las pérdidas preoperatorias, si se subestimaron las pérdidas transoperatorias o si las pérdidas posoperatorias fueron mayores de lo previsto. En la mayor parte de los casos con deficiencia de volumen es suficiente la reposición con una solución isotónica.

ANORMALIDADES ELECTROLÍTICAS EN PACIENTES QUIRÚRGICOS

ESPECÍFICOS

Pacientes neurológicos

Síndrome de secreción inadecuada de hormona antidiurética

El síndrome de secreción inadecuada de hormona antidiurética (SIADH) puede sobrevenir después de una lesión encefálica o un procedimiento quirúrgico del sistema nervioso central (SNC), pero también se encuentra en relación con algunos fármacos (como morfina, antiinflamatorios no esteroideos y oxitocina), así como en varias enfermedades pulmonares (neumonía, absceso y tuberculosis), endocrinas (hipotiroidismo y deficiencia de glucocorticoides) y neoplasias malignas (en particular en el cáncer pulmonar de células pequeñas, aunque también en el carcinoma pancreático, timoma y enfermedad de Hodgkin). Debe considerarse en los sujetos con normovolemia e hiponatremia que tienen cifras elevadas de sodio urinario (>20 meq/L) y osmolalidad urinaria. La estimulación de la hormona antidiurética (ADH) se considera inapropiada, ya que no se debe a factores osmóticos ni relacionados con el volumen. Debe intentarse corregir el problema subyacente. En casi todos los casos, la restricción de agua libre corrige el problema. El objetivo es alcanzar el equilibrio neto del agua al tiempo que se evita la deficiencia de volumen que afecta la función renal. También puede usarse furosemida para inducir la pérdida de agua libre.

Diabetes insípida

La diabetes insípida es otro trastorno de la estimulación de la hormona antidiurética y se manifiesta por orina diluida en presencia de hipernatremia. La diabetes insípida central se debe a un defecto de la secreción de hormona antidiurética y la forma nefrógena es consecuencia de un defecto de la capacidad de respuesta del órgano terminal a la ADH. La diabetes insípida central se relaciona a menudo con una operación o lesión hipofisarias (lesión encefálica cerrada o encefalopatía anóxica). La diabetes insípida nefrógena se vincula con hipopotasiemia, pigmentos para contraste radiográfico y fármacos como los aminoglucósidos y la anfotericina. En los pacientes que toleran la ingestión oral, el estado de volumen casi siempre es normal, ya que la sed estimula el incremento en la ingestión. Puede haber deficiencia de volumen en personas que no pueden usar la vía oral. El diagnóstico se confirma con la documentación del incremento de la osmolalidad urinaria como respuesta a un período de privación de agua. Si el trastorno es menor, la reposición con agua libre es suficiente. En los casos más graves puede agregarse vasopresina (cinco unidades por vía subcutánea).

Pérdida cerebral de sal

La pérdida cerebral de sal es un diagnóstico de exclusión que se establece en pacientes con una lesión cerebral y pérdida renal de sodio y cloro, sin otra causa identificable. La natriuresis en un sujeto con volumen extracelular bajo dilucida el diagnóstico. La hiponatremia se produce como un fenómeno secundario, lo que distingue a este trastorno del síndrome de secreción inapropiada de hormona antidiurética. Pacientes desnutridos: síndrome de realimentación Se trata de un trastorno que puede ser letal; se produce con la alimentación rápida y excesiva de individuos con desnutrición grave subyacente por inanición, alcoholismo, retraso del apoyo enteral o parenteral, anorexia nerviosa o pérdida masiva de peso en sujetos obesos. Con la realimentación, el cambio del metabolismo de grasa al de carbohidratos estimula la liberación de insulina, lo que induce la captación celular de fosfato, magnesio, potasio y calcio. Como la secreción basal de insulina está amortiguada, también puede haber hiperglucemia grave. Los síntomas incluyen arritmias cardíacas, confusión, insuficiencia respiratoria e incluso la muerte. Para prevenir el síndrome por realimentación, la reposición calórica debe ser lenta.

Pacientes con insuficiencia renal aguda

Existen varias alteraciones en el líquido y los electrólitos que son específicas de los pacientes con insuficiencia renal aguda. La insuficiencia renal oligúrica requiere vigilancia estrecha del potasio sérico. El tratamiento debe establecerse pronto y tal vez deba incluir diálisis. La hiponatremia es frecuente en la insuficiencia renal establecida y es efecto de la degradación de proteínas, carbohidratos y grasas, y también del agua libre administrada. En caso de hiponatremia grave es necesaria la diálisis. La insuficiencia renal aguda también se relaciona con hipocalciemia, hipermagnesiemia e hiperfosfatemia. Es frecuente que haya acidosis metabólica, ya que los riñones pierden su capacidad para eliminar los productos ácidos intermediarios. Puede usarse bicarbonato, pero a menudo es necesaria la diálisis.

Pacientes con cáncer

Es probable que haya hipocalciemia después de la extirpación de un tumor tiroideo o paratiroideo, o bien después de la disección central del cuello cuando se dañan las glán dulas paratiroides. El síndrome de hueso hambriento causa hipocalciemia después de una operación paratiroidea para hiperparatiroidismo secundario o terciario; en este caso, el hueso capta con rapidez el calcio. El cáncer prostático y el mamario pueden intensificar la actividad osteoblástica, lo que aumenta la formación de hueso y reduce el calcio sérico. La hipomagnesiemia es un efecto colateral de la ifosfamida y el cisplatino. Puede haber hipofosfatemia en el hiperparatiroidismo, ya que disminuye la resorción del fósforo, aunque la osteomalacia oncogénica incrementa la excreción urinaria de fósforo. Es posible que haya hipofosfatemia aguda, en la leucemia aguda, ya que las células malignas que proliferan con rapidez captan el fósforo. También puede encontrarse hipofosfatemia en el síndrome de hueso hambriento después de paratiroidectomía. El síndrome de lisis tumoral o los bisfosfonatos también causan hiperfosfatemia. La neoplasia maligna es la causa más frecuente de hipercalciemia. La destrucción ósea por metástasis se presenta en el cáncer mamario o renal, pero también es posible en el mieloma múltiple. En caso de linfoma de Hodgkin y no Hodgkin, la hipercalciemia se debe al aumento de la síntesis de calcitriol, que a su vez incrementa la absorción de calcio en el tubo digestivo y el hueso. La hipercalciemia humoral de la neoplasia maligna es causa frecuente de hipercalciemia en personas con cáncer. Conforme se secreta la proteína relacionada con la paratiroides, se une con los receptores paratiroideos, lo que estimula la resorción de calcio del hueso y disminuye la excreción renal de calcio. El tratamiento de la hipercalciemia de la malignidad debe comenzar con la expansión del volumen con solución salina y luego con un diurético de asa. También hay otros fármacos disponibles. Los bisfosfonatos (etidronato y pamidronato) inhiben la resorción ósea y la actividad osteoclástica. Actúan con lentitud (en 48 h), pero su efecto dura hasta 15 días. La calcitonina también es efectiva porque inhibe la resorción ósea y aumenta la excreción renal de calcio. Actúa con rapidez (2 a 4 h), pero su empleo está limitado por el desarrollo de taquifilaxis. Los corticoesteroides pueden reducir la taquifilaxis y pueden usarse solos para el tratamiento de la hipercalciemia. Los nitratos de galio son inhibidores potentes de la resorción ósea. Su acción es duradera, pero puede causar nefrotoxicidad. La mitramicina bloquea la actividad osteoclástica, aunque puede relacionarse con alteraciones hepáticas, renales y hematológicas, por lo que su empleo se limita al tratamiento de la enfermedad ósea de Paget. Para pacientes con hipercalciemia grave y refractaria, o que no toleran la expansión del volumen (por edema pulmonar o insuficiencia cardíaca congestiva), la diálisis es una alternativa.